Rumbo al segundo turno de comida. No todo es madrugar en esta vida!

Photo-1-meteoLa noche anterior hubo que hacer acto de presencia en las fiestas del pueblo de al lado. No mucho, que ya tenemos una edad y sabemos que los excesos pasan factura, y el mar no es buen sitio para pagarlas.
Tras dormir unas horas, a las 8:30 de la mañana ya íbamos rumbo a la playa.
En el camino cafecito, pintxito y preparados para entrar al agua.
Al llegar, sucedió lo que de vez en cuando suele pasar, dejarse algo… Me dejé en casa el tornillo para asegurar la GoPro, así que hubo que dejar las fotos para el final de la jornada.
El día en cuanto a meteorología prometía, cielos despejados, poco viento, olas pequeñas, con poca fuerza, y un goloso cambio de marea sobre las 10 y cuarto de la mañana. Eso sí, con un ojo puesto en el giro que a lo largo del día iba a dar el viento.

Con estas condiciones, nos dirigimos al que podríamos llamar segundo turno de comida de los peces.
Justo cuando llegamos al lugar, dos pescadores madrugadores en kayak salían del agua. Tras los saludos pertinentes, hacemos la gran pregunta: “¿Qué tal ha ido?” a lo que nos responden: “No muy mal, andan los sierras comiendo”.
Así que, montar todo y al agua. Paseante de superficie y a palear, en 15 minutos ya tengo la primera picada, un sierrita, demasiado pequeño que devuelvo al agua sin pensarlo.
En busca de piezas más grandes, pongo rumbo a las profundidades. Cambio de señuelo para ir pescando más profundo y tras palear un rato, ¡zas!, otra picada, carrete chirriando y sacando hilo. Tras una bonita lucha, algo habitual en los sierras de cierto tamaño, ya se dejó ver.
Tras asegurarlo, seguí remando, y en pocos metros apareció en mi sonda una bola de pescado. Rápidamente dejé caer un jig y seguido tuve otra picada. Mismas carreras, misma lucha, otro sierra igual de grande que el anterior.
La pobre sonda andaba loca. Marcaba mucho pescado pequeño agrupado en bancos muy grandes, a media altura, arriba, abajo… por todas partes.
Seguí paleando y de repente veo en la sonda una inmensa bola de peces, muy muy grande y muy compacta, parecía una roca! Mientras tanto pienso: “Creo que mi señuelo va a pasar justo por encima” y no pasaron ni 10 segundos y ya tuve otra picada. ¡Qué emoción! Esta vez, al recoger hilo era diferente… El pez venía más fofo, era grande y venía chapoteando por la superficie.
Para mi sorpresa, era una bonita lubina de 65cm. Fue un subidón, porque cada día que pasa es más difícil dar con ellas.

Photo-2-Lubina
Tras esta gran captura, seguí caceando pero ya no hubo más picadas. Las fuerzas se fueron agotando y poco a poco puse rumbo a tierra.
Antes de salir, en la orilla, aproveché para hacer un poco de rockfishing. Había actividad y otros 2 sierritas atacaron el vinilo. Eran pequeños y, al igual que el primero, fueron devueltos al mar, pero me sirvió para experimentar lo que se siente al pescarlos con un equipo ultraligero de acción de 1 a 5 gramos.
Otro gran día de pesca y aventura con la excelente compañía de mi amigo Edu, un máquina.

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Egoitz Etxebarria
Jackson Kayak Fishing Team


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